El carruaje se había detenido en la puerta del Club Árabe. EL local había sido construido en la calle principal, llamada Rio de Janeiro, del pueblito de Freirina. Hacían escasos minutos que habían pintado al paisaje de noche, los espíritus del valle. Había luna y el cielo estaba estrellado. Los faroles, apenas alumbraban en las esquinas. Un coche se detuvo a un costado de la entrada al club. El conductor, saltó a tierra, para luego amarrar las riendas de los caballos, en los postes colocados para ese fin, en la vereda y que eran usados también por los jinetes de las haciendas vecinas, los que venían a comer, jugar y a beber al local.
Era una de las tantas noches frescas del verano del año 1935, ¡Pero hoy!, Oscura como boca de lobo. Pocos transeúntes pasaban. Algunos negocitos, se alumbraban con velas, cuya llama danzaba junto a los quejidos del ambiente. Estas ventas, permanecían abiertas hasta altas horas de la noche, a sabiendas de que siempre aparecían clientes a último instante. Especialmente los mineros que retornaban a casa, por una semana libre de descanso y muertos de hambre por el largo viaje. En estos negocios, se conseguía charqui, cebollas, aceitunas y pan amasado. Suficiente para preparar un plato para cenar, acompañado con una jarra de té.
En los ambiente de la sala de juego del club, flotaba un pesado humo que despedían los habanos que los paisanos libaneses fumaban. Y ese fuerte olor espantaba a los sancudos, que abundaban en el pueblo. Los oriundos del lugar, satisfacían su vicio, con cigarrillos “Baracoa”. La mayoría tomaba café árabe y los otros anises, para mantenerse expectantes a las partidas de póker. La mesa redonda, cubierta de una lona verde, mostraba las fichas de colores atrayentes, que se amontonaban en el centro.
Don Elías Daher, repartía las cartas. Elías Baraki, en su enredada lengua, contaba las que le llegaban. Toufic Seeman, sorbía su café, mientras armaba su juego y sonreía de oreja a oreja. Carlos Melej, bebía anís y con una mano iba levantando carta por carta, a ratos se encogía de hombros y dejaba escapar algunos garabatos en árabe. Juan Apey, tarareaba una vieja y nostálgica canción libanesa. Don Nazario Zuleta, silencioso observaba los rostros de los “turcos” absortos en su juego, quienes se olvidaban del mundo. Don Mario Viñales, estiraba rápidamente su mano para agarrar una carta que volaba en su dirección. A cada rato, daba con el dorso de la mano un golpe sobre el tapete-clamando a la diosa fortuna, un juego favorable.
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La cueva de Salamanca, Huasco Bajo Amir Ibn Tawfik Seeman
Toufik Seeman, había llegado al país, desde el Líbano en el año 1922. Era un joven de tez blanca, de cabello rubio y ojos azules. Un fenicio de alta estatura, vestía de forma elegante, solía llevar un clavel rojo en la solapa de su vestón. Este, atraía a las jovencitas solteras árabes en los encuentros de la comunidad, como también a las más maduras damas nacionales, en las fiestas. Su estilo y trato, conquistaba, esta forma de ser, le atrajo más de un problema, con los celosos novios o esposos. Por lo que su padre, don Antón Seeman, contrato a un matón de cabaret, como su guardaespaldas.
John Granger, se llamaba este, era temido y se tejían muchas historias sobre su persona. Era hijo natural de un inglés que llegó al puerto de Huasco y que se fue a trabajar como ingeniero en las salitreras de Humbertone y Santa Laura, en el año de 1905, al norte grande chileno. Don Toufik, vivía en la localidad de Domeyko donde tenía su tienda. En esta ocasión había viajado a Freirina, acompañado de los paisanos Elías Baraki y Carlos Melej, por lo que su guardaespaldas, debió quedarse al cuidado del negocio.
La cabeza y medio cuerpo del cochero, asomo por la puerta. Don Elías al verle, exclamó:
-¡En que andas, hombre?-
Sacándose el sombrero, este, saluda:
¡Buenas noches, señores!- y agrega: ¡Don Toufik!-el coche esta listo para salir a Huasco.
Todos al unísono, exclaman:
-¡Paisano, no abandones la mesa, que estas con suerte!
Se levantó, el nombrado. Toma su abrigo de fino paño negro. Cala su sombrero. Cubre su cuello con una chalina blanca de tejido grueso.
¡Amigos!-Tengo una cita en Huasco, deben de saber que las huríes-¡no esperan!-
-¡Oh!-la noche oscura se presta para un entierro-dice. Elías Baraki y se larga a reír.
- ¡Vaya con Allah, paisano!- agrega don Elías Daher. Quien era su compadre.
Carlos Melej, arreglándose los largos bigotes:
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La cueva de Salamanca, Huasco Bajo Amir Ibn Tawfik Seeman
-¡A nosotros los árabes, solo las putas nos quieren bien!-
El serio de don Nazario Zuleta, exclama: -¡No sean mal agradecido, paisanos!. Lo que no aceptan nuestras mujeres que le hagan. En el cabaret, encontramos a las sacerdotisas del amor y probamos el kamasutra...
-¡Buenas noches, amigos y paisanos!-Nos vemos mañana. Sale del salón don Toufic, seguido del cochero.
-Paisano Toufik-¡cuídese!- Que a nosotros los llamados “turcos”, nos tienen entre ceja y ceja-le recomienda don Juan Apey.
-¡Gracias, Juan!-Lo tendré presente-Mi cochero es fornido y parece un toro-Se puede enfrentar a cualquiera-Los dejará mas muerto que vivo- ¡Buenas noches!- Salen a la calle. Suben al coche. Los caballos se ponen en movimiento en dirección oeste.
El carruaje toma el tortuoso camino, que lleva al puerto. Alumbrando escasamente con los faroles ubicados en los costados, avanzan dando tumbos. Las sombras del paisaje desfilan barnizadas de negro y tonos grises. Corre una fría brisa que viene de la costa, esta da bofetadas al rostro del cochero. Inmutable este, anima a los corceles a correr. Los caballos arrojan un blanco aliento y relinchan. Son excelentes exploradores, encuentran el camino y sabrán al retorno de vuelta a casa en la oscuridad y a muchos kilómetros de distancia sobre terrenos desconocidos y difíciles.
Pasan frente a casitas que se alzan a los costados del camino. Estas alumbrándose con un farol en la entrada principal, muestran pequeñas huertas, bosques y olivares. Entre los eucaliptos, al fondo, se divisa una lengua de plata, es el río Huasco, que corre serpenteando valle abajo. El carruaje atraviesa un puente de madera, que sale al costado norte de la zona. Orillan el corte de las lomas que se alzan entre la tupida vegetación. De pronto aparece una casona totalmente iluminada, con faroles y antorchas de fuego que pestañean a causa del viento. Se ve una concurrida asistencia de visitantes al lugar. Muchos coches y carretas están guarecidas en un lugar acampado, al oeste de los jardines. Una música de arpas y violines escapan por los ventanales, llenando el ambiente. Las notas se mesclan con el canto de los grillos y el croac de las ranas, que asoman entre las plantas acuáticas y helechos que cubren la fuente principal. Bastante gente camina por los pasillos, todos elegantemente vestidos, como para una fiesta de tiempos medioevales. Algunas parejas charlan en
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La cueva de Salamanca, Huasco Bajo Amir Ibn Tawfik Seeman
los pasillos de los jardines bien cuidados. Guardianes con perros custodian los alrededores. El cochero está sorprendido por la majestuosidad del lugar. De tanto viajar al puerto de Huasco, Freirina y alrededores, nunca había tomado este atajo, el que salía por un costado de la localidad de Las Tablas a Huasco Bajo. Don Toufik, asomado a la ventanilla del coche, ordena al cochero detenerse.
Al bajarse, es recibido por una hermosa jovencita, acompañada de un guardia, con cara de pocos amigos. Ella, con una amistosa sonrisa, le invita a visitar la mansión.
-¡Adelante paisano!- Hoy es el cumpleaños de la doña Marquesa María. La dueña de la hacienda de Salamanca. Han venido muchos invitados; de Huasco Bajo, Carrizal Alto, Canto del Agua, Huasco Puerto y otras localidades lejanas, también.-
-¡Gracias!- Muy amable de su parte-¡Me sorprende el lugar!. Nunca había pasado por aquí, en mis recorridos vendiendo mis mercaderías.... Una que otra vez, desde lejos divise llamaradas como un incendio- Más pensé que quemaban pasto, por los resplandores que se ven desde la distancia- explica el paisano libanés.
-¡Si!- señorita. En los años de transportar pasajeros de un pueblo a otro por el valle. Veía por las noches la casona muy iluminada. En el día, se esconde por la arboleda, bosques de pinos y eucaliptos- agrega el cochero, sacándose el sombrero, colocándolo sobre su pecho. Suspira y suda copiosamente, mirando en rededor de reojo.
La joven, viendo el nerviosismo del buen hombre. Explica, suavemente con sus palabras que suenan acariciadoras al oído.
-¡La mansión se muestra y da la bienvenida a los amigos! o gente de bien- Pero-adelante-que la fiesta recién ha comenzado-responde la joven. Tomando del brazo al paisano, lo lleva al interior de la mansión- Detrás camina el cochero perplejo, pero alegre a la vez-Sabe que comerá algo rico y llenara su panza, castigada por las horas de viaje.
Caminaron por los salones que se ven muy animados, donde se baila vals. Los mozos circulan llevando bandejas de oro con copas de plata, ofreciendo vino dulce:
-¡Señor!-Por favor servirse “pajarete”-
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La cueva de Salamanca, Huasco Bajo Amir Ibn Tawfik Seeman
-No se preocupe don......¿su nombre?
-Oh-perdón-me llamo Toufik Seeman-
-Gracias, señor Toufik. Este es un licor fino que se produce solo en Huasco Alto. Y lo traen exclusivamente desde esa localidad a la Doña. Ella, es propietaria de tierras y minas de oro, por esos lados- le explica la joven agraciada.
El cochero, es llevado a la cocina. Donde es servido de exquisitos pescados a las brazas y asado de carne de vacuno, con una jarra que rebalsa de vino blanco.
La dama se llama Nury. Ella lleva a don Toufik a recorrer los salones que resaltan ricos decorados y están muy alhajados. En las paredes cuelgan preciosos cuadros de diosas desnudas en paradisíacos jardines y paisajes costeros. La Doña, la marquesa María de Salamanca, aparece desde el fondo del salón, rodeada de jóvenes galantes, ella ríe. Mientras camina, algunos señores se inclinan y arrodillados, besan su mano. Al estar frente a ellos, se detiene, sonríe al paisano libanes. Colocándole una mano libre en su hombro izquierdo, le dice:
-Bien venido paisano-Toufik-¿es su nombre verdad?- Es afortunado por tener esta dama de compañía. Una buena guía y excelente anfitriona. Ella es mi hija numero seis. Las otras-mire en rededor- Deben estar en algún lugar de los jardines. Acompañadas de sus galantes amigos-
-Gracias por su hospitalidad- Y muy linda su mansión-por cierto-¡Felicidades por su día!-
-No se moleste-paisano- ¡Para mi todas las noches son mi día!- ¿Verdad hijita?-
-¡Si madre!- así es-por la gracia de nuestros antepasados-
Toufik, busca en su bolsillo una cajita finamente adornada con hilos que parecen de plata. La abre delicadamente y saca un prendedor que a la luz de los candelabros-destellan sus piedras- turquesa y lápiz lazudi.
¡Son bellas, parecen diamantes!- exclama Nury.
-Que linda pieza- señor Toufik-dice- la doña Marquesa María de Salamanca.
-Mi estimada señora- Es mi humilde presente, por su día-
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La cueva de Salamanca, Huasco Bajo Amir Ibn Tawfik Seeman
La marquesa, abre los brazos y exclama:
-Usted es un digno embajador del Medio Oriente....
-¡Líbano!- responde el paisano Toufik
-Es un país, muy lindo-muchos lo dicen- también yo-Se da un vino que no tiene comparación en los valles de Bechare-¿cierto?
-Si-- ¿Usted conoce el Líbano?
-¡Así es!-
-Mientras caminan a través del salón principal, ella cuenta:
-¡Verá usted!-Mi difunto esposo, ¡Que en paz descanse!- Fue cónsul en varios países del Medio Oriente- Estuvimos en Beirut y otras ciudades del Líbano y salimos de su país, a causa de las invasiones del imperio otomano. ¡Pero no hablemos del pasado!. Lo más importante, es que la pase bien. Gracias por su presente y visita.
Volviendo a su hija Nury, le indica:
-Hijita- Atiende muy bien a nuestro invitado- Saludando al paisano. Guiñándole, se despide, diciéndole:
-La noche pertenece a ustedes los jóvenes- Sabed aprovecharla- ¡No seáis que mañana os arrepintáis!
Ella sube por la escalera que da a la parte superior de la mansión y se pierde entre el cortinaje.
Nury y don Toufik bailan animosamente. Mientras el cochero, bien instalado en la cocina, no para de comer y beber ese rico vino blanco que lo tiene ya mareado. Las jóvenes cocineras y mozos sonríen a cada brindis que el buen hombre, repite:
-¡En Huasco Bajo y Las Tablas! La paso muy bien- ¡Y que no acabe la noche!- Canturrea, mientras seca con el dorso de su mano, el vino que chorrea por su boca. Con la otra mano sostiene un trozo de asado.
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La cueva de Salamanca, Huasco Bajo Amir Ibn Tawfik Seeman
La mágica noche se ha detenido. Tomados del brazo la hija de la marquesa y don Toufik, caminan por los jardines. Ella coloca su cabeza en su hombro. El sonríe. Las rosas, orquídeas, azahares y claveles, impregnan su fragancia a la vestimenta. Los ojos verdes de Nury, son gemas que hipnotizan. Su boca dibuja delicada sonrisa. Sus labios al besar, saben al rocío que besa las flores. Un mozo se acerca trayendo sobre la bandeja sendas copas de plata.
Nury, alza la copa y brinda diciendo:
-¡Por usted- don Toufik! Por su presencia en esta noche inolvidable-
-Igualmente- Doña Nury- Sea una eterna juventud para usted. Y su belleza alumbre mañana y el resto de los días la inmensidad de la hacienda Salamanca.
Ambos beben sin dejar una gota en las copas. El mozo sonríe. La pareja se mira a los ojos. Y discretamente sus jóvenes labios, sellan secretos y ansias ocultas. Ella lo toma de la mano y lo lleva por los salones, hasta llegar a los aposentos. Entre las sombras cómplices recorren un cielo de rosas y gemidos que se transforman en la brisa que mecen los blancos cortinajes.
El sol estaba sobre sus cabezas. Don Toufik cubierto por una capa color turquesa, abre sus ojos, sintiendo un dolor de cabeza a causa del licor. Yace recostado entre los sillones del carruaje. El cochero, dormido, agarrando las riendas en ambas manos, ronca, haciendo relinchar a los caballos.
-¡Despierte, cochero!- le grita, remeciéndole. Este se despabila, asustado regaña-Se espantan los caballos.
- Perdone patrón- ¡Pero parece que hemos tenido una pesadilla!-exclama.
Don Toufik, observa pensativo e incrédulo, la mansión abandonada, que se levanta frente de el. Esta muestra el paso de muchos años, sobre el techo palomas y golondrinas posan. Entre la arboleda de pinos y eucaliptos, se divisa la entrada de una cueva. Ambos viajeros, caminan hasta ella. Ingresan y ante la oscuridad retroceden, pues ven salir alborotados una bandada de murciélagos, que vuelan hasta refugiarse entre los agujeros de los requeríos cercanos.
Pasa un grupo de arrieros, silbando y animando a una tropa cargada de sacos con minerales, apuran el paso. Al verlos, el más anciano, grita:
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La cueva de Salamanca, Huasco Bajo Amir Ibn Tawfik Seeman
-¡Cuidado mi merced!- Que aquí por las noches aparece la mansión de las “brujas de Huasco Bajo”. Carcajadas, de los arrieros jóvenes. Arrastran a las mulas, hasta perderse entre los altos arbustos.
Don Toufik y el cochero, observan en rededor un paisaje cómplice, llenos de secretos, ambos se encogen de hombros. Suben al carruaje. El cochero golpea el aire con el látigo, los caballos relinchan y comienzan a trotar. Las ruedas del coche sacan chispas de las piedras que cubren el sendero. El paisano libanés, huele la capa, esta prenda es la que cubría los hombros de Nury, ¡es su perfume!-se dice. Sonríe, cierra los ojos y trata de dormitar.
Por una de las ventanas de la mansión, aparece el rostro de la joven Nury, rueda una lágrima por su mejilla y embelesada se queda mirando como el coche se pierde entre los arboles y el tortuoso camino que lleva al puerto de Huasco.
Cuentan que al filo de la medianoche, una bandada de pájaros mal agüero vuelan desde Huasco Bajo hasta Huasco Alto, estos tienen cabeza humana. La gente al escuchar sus graznidos, se persignan y encienden velas a los santos.
En el año de 1954, recorriendo Tarek con la pandilla el valle, desde Freirina en dirección al oeste, siguieron un camino abandonado. Este solía llevar hasta la desembocadura del río Huasco. Frente a la localidad de Huasco Bajo, entre el escaso bosque de eucalipto, pegado a la loma, se encontraron con una cueva que tenia una puerta de madera, estaba muy roída por los años, con cerradura de fierro y un gran candado. En la parte superior una rejilla de barrotes. Un huaso que pasaba, les gritó:
-¡Cuidado niños- es la Cueva de Salamanca!-
Tarek, recordó las historias de brujas y aparecidos que solía contar por las noches, al borde de un brasero en la casa del Rengo Ávila, su anciana abuela. Relataba, mientras sorbía un mate. Y decía: Fue un joven turco uno de los visitantes más seguido a Salamanca. Dicen, que fue embrujado por la Doña y la hija. Ella, la marquesa María de Salamanca, le enseño la “martingala”, que es la formula para ganar en los juegos de los casinos.

El carruaje se había detenido en la puerta del Club Árabe. EL local había sido construido en la calle principal, llamada Rio de Janeiro, del pueblito de Freirina. Hacían escasos minutos que habían pintado al paisaje de noche, los espíritus del valle. Había luna y el cielo estaba estrellado. Los faroles, apenas alumbraban en las esquinas.
Otro coche se detuvo a un costado de la entrada al club. El conductor, saltó a tierra, para luego amarrar las riendas de los caballos, en los postes colocados para ese fin, en la vereda y que eran usados también por los jinetes de las haciendas vecinas, los que venían a comer, jugar y a beber al local.
Era una de las tantas noches frescas del verano del año 1935, ¡Pero hoy!, Oscura como boca de lobo. Pocos transeúntes pasaban. Algunos negocitos, se alumbraban con velas, cuya llama danzaba junto a los quejidos del ambiente. Estas ventas, permanecían abiertas hasta altas horas de la noche, a sabiendas de que siempre aparecían clientes a último instante. Especialmente los mineros que retornaban a casa, por una semana libre de descanso y muertos de hambre por el largo viaje. En estos negocios, se conseguía charqui, cebollas, aceitunas y pan amasado. Suficiente para preparar un plato para cenar, acompañado con una jarra de té.
En los ambiente de la sala de juego del club, flotaba un pesado humo que despedían los habanos que los paisanos libaneses fumaban. Y ese fuerte olor espantaba a los sancudos, que abundaban en el pueblo. Los oriundos del lugar, satisfacían su vicio, con cigarrillos “Baracoa”. La mayoría tomaba café árabe y los otros anises, para mantenerse expectantes a las partidas de póker. La mesa redonda, cubierta de una lona verde, mostraba las fichas de colores atrayentes, que se amontonaban en el centro.
Don Elías Daher, repartía las cartas. Elías Baraki, en su enredada lengua, contaba las que le llegaban. Toufic Seeman, sorbía su café, mientras armaba su juego y sonreía de oreja a oreja. Carlos Melej, bebía anís y con una mano iba levantando carta por carta, a ratos se encogía de hombros y dejaba escapar algunos garabatos en árabe. Juan Apey, tarareaba una vieja y nostálgica canción libanesa. Don Nazario Zuleta, silencioso observaba los rostros de los “turcos” absortos en su juego, quienes se olvidaban del mundo. Don Mario Viñales, estiraba rápidamente su mano para agarrar una carta que volaba en su dirección. A cada rato, daba con el dorso de la mano un golpe sobre el tapete-clamando a la diosa fortuna, un juego favorable.
Toufik Seeman, había llegado al país, desde el Líbano en el año 1922. Era un joven de tez blanca, de cabello rubio y ojos azules. Un fenicio de alta estatura, vestía de forma elegante, solía llevar un clavel rojo en la solapa de su vestón. Este, atraía a las jovencitas solteras árabes en los encuentros de la comunidad, como también a las más maduras damas nacionales, en las fiestas. Su estilo y trato, conquistaba, esta forma de ser, le atrajo más de un problema, con los celosos novios o esposos.
Por lo que su padre, don Antón Seeman, contrato a un matón de cabaret, como su guardaespaldas.
John Granger, se llamaba este, era temido y se tejían muchas historias sobre su persona. Era hijo natural de un inglés que llegó al puerto de Huasco y que se fue a trabajar como ingeniero en las salitreras de Humbertone y Santa Laura, en el año de 1905, al norte grande chileno.
Don Toufik, vivía en la localidad de Domeyko donde tenía su tienda. En esta ocasión había viajado a Freirina, acompañado de los paisanos Elías Baraki y Carlos Melej, por lo que su guardaespaldas, debió quedarse al cuidado del negocio.
La cabeza y medio cuerpo del cochero, asomo por la puerta.
Don Elías al verle, exclamó:-¡En que andas, hombre?
-Sacándose el sombrero, este, saluda:¡Buenas noches, señores!- y agrega: ¡Don Toufik!-el coche esta listo para salir a Huasco.
Todos al unísono, exclaman:-¡Paisano, no abandones la mesa, que estas con suerte!
Se levantó, el nombrado. Toma su abrigo de fino paño negro. Cala su sombrero. Cubre su cuello con una chalina blanca de tejido grueso.
¡Amigos!-Tengo una cita en Huasco, deben de saber que las huríes-¡no esperan!-
-¡Oh!-la noche oscura se presta para un entierro-dice. Elías Baraki y se larga a reír.
- ¡Vaya con Allah, paisano!- agrega don Elías Daher. Quien era su compadre.
Carlos Melej, arreglándose los largos bigotes:-¡A nosotros los árabes, solo las putas nos quieren bien!
-El serio de don Nazario Zuleta, exclama: -¡No sean mal agradecido, paisanos!. Lo que no aceptan nuestras mujeres que le hagan. En el cabaret, encontramos a las sacerdotisas del amor y probamos el kamasutra...
-¡Buenas noches, amigos y paisanos!-Nos vemos mañana.
Camina por el salón don Toufic, seguido del cochero.
-Paisano Toufik-¡cuídese!- Que a nosotros los llamados “turcos”, nos tienen entre ceja y ceja-le recomienda don Juan Apey.
-¡Gracias, Juan!-Lo tendré presente-Mi cochero es fornido y parece un toro-Se puede enfrentar a cualquiera-Los dejará mas muerto que vivo- ¡Buenas noches!- Salen a la calle. Suben al coche. Los caballos se ponen en movimiento en dirección oeste.
El carruaje toma el tortuoso camino, que lleva al puerto. Alumbrando escasamente con los faroles ubicados en los costados, avanzan dando tumbos. Las sombras del paisaje desfilan barnizadas de negro y tonos grises. Corre una fría brisa que viene de la costa, esta da bofetadas al rostro del cochero. Inmutable este, anima a los corceles a correr.
Los caballos arrojan un blanco aliento y relinchan. Son excelentes exploradores, encuentran el camino y sabrán al retorno de vuelta a casa en la oscuridad y a muchos kilómetros de distancia sobre terrenos desconocidos y difíciles.
Pasan frente a casitas que se alzan a los costados del camino. Estas alumbrándose con un farol en la entrada principal, muestran pequeñas huertas, bosques y olivares. Entre los eucaliptos, al fondo, se divisa una lengua de plata, es el río Huasco, que corre serpenteando valle abajo.
El carruaje atraviesa un puente de madera, que sale al costado norte de la zona. Orillan el corte de las lomas que se alzan entre la tupida vegetación.
De pronto aparece una casona totalmente iluminada, con faroles y antorchas de fuego que pestañean a causa del viento. Se ve una concurrida asistencia de visitantes al lugar. Muchos coches y carretas están guarecidas en un lugar acampado, al oeste de los jardines. Una música de arpas y violines escapan por los ventanales, llenando el ambiente. Las notas se mesclan con el canto de los grillos y el croac de las ranas, que asoman entre las plantas acuáticas y helechos que cubren la fuente principal.
Bastante gente camina por los pasillos, todos elegantemente vestidos, como para una fiesta de tiempos medioevales. Algunas parejas charlan enlos pasillos de los jardines bien cuidados. Guardianes con perros custodian los alrededores.
El cochero está sorprendido por la majestuosidad del lugar. De tanto viajar al puerto de Huasco, Freirina y alrededores, nunca había tomado este atajo, el que salía por un costado de la localidad de Las Tablas a Huasco Bajo.
Don Toufik, asomado a la ventanilla del coche, ordena al cochero detenerse.
Al bajarse, es recibido por una hermosa jovencita, acompañada de un guardia, con cara de pocos amigos. Ella, con una amistosa sonrisa, le invita a visitar la mansión.
-¡Adelante paisano!- Hoy es el cumpleaños de la doña Marquesa María. La dueña de la hacienda de Salamanca. Han venido muchos invitados; de Huasco Bajo, Carrizal Alto, Canto del Agua, Huasco Puerto y otras localidades lejanas, también.-
-¡Gracias!- Muy amable de su parte-¡Me sorprende el lugar!. Nunca había pasado por aquí, en mis recorridos vendiendo mis mercaderías.... Una que otra vez, desde lejos divise llamaradas como un incendio- Más pensé que quemaban pasto, por los resplandores que se ven desde la distancia- explica el paisano libanés.
-¡Si!- señorita. En los años de transportar pasajeros de un pueblo a otro por el valle. Veía por las noches la casona muy iluminada. En el día, se esconde por la arboleda, bosques de pinos y eucaliptos- agrega el cochero, sacándose el sombrero, colocándolo sobre su pecho. Suspira y suda copiosamente, mirando en rededor de reojo.
La joven, viendo el nerviosismo del buen hombre. Explica, suavemente con sus palabras que suenan acariciadoras al oído.
-¡La mansión se muestra y da la bienvenida a los amigos! o gente de bien- Pero-adelante-que la fiesta recién ha comenzado-responde la joven. Tomando del brazo al paisano, lo lleva al interior de la mansión-
Detrás camina el cochero perplejo, pero alegre a la vez-Sabe que comerá algo rico y llenara su panza, castigada por las horas de viaje.
Caminaron por los salones que se ven muy animados, donde se baila vals. Los mozos circulan llevando bandejas de oro con copas de plata, ofreciendo vino dulce:
-¡Señor!-Por favor servirse “pajarete”-
-No se preocupe don......¿su nombre?
-Oh-perdón-me llamo Toufik Seeman-
-Gracias, señor Toufik. Este es un licor fino que se produce solo en Huasco Alto. Y lo traen exclusivamente desde esa localidad a la Doña. Ella, es propietaria de tierras y minas de oro, por esos lados- le explica la joven agraciada.
El cochero, es llevado a la cocina. Donde es servido de exquisitos pescados a las brazas y asado de carne de vacuno, con una jarra que rebalsa de vino blanco.
La dama se llama Nury. Ella lleva a don Toufik a recorrer los salones que resaltan ricos decorados y están muy alhajados. En las paredes cuelgan preciosos cuadros de diosas desnudas en paradisíacos jardines y paisajes costeros. La Doña, la marquesa María de Salamanca, aparece desde el fondo del salón, rodeada de jóvenes galantes, ella ríe. Mientras camina, algunos señores se inclinan y arrodillados, besan su mano.
Al estar frente a ellos, se detiene, sonríe al paisano libanes. Colocándole una mano libre en su hombro izquierdo, le dice:
-Bien venido paisano-Toufik-¿es su nombre verdad?- Es afortunado por tener esta dama de compañía. Una buena guía y excelente anfitriona. Ella es mi hija numero seis. Las otras-mire en rededor- Deben estar en algún lugar de los jardines. Acompañadas de sus galantes amigos-
-Gracias por su hospitalidad- Y muy linda su mansión-por cierto-¡Felicidades por su día!-
-No se moleste-paisano- ¡Para mi todas las noches son mi día!- ¿Verdad hijita?-
-¡Si madre!- así es-por la gracia de nuestros antepasados
-Toufik, busca en su bolsillo una cajita finamente adornada con hilos que parecen de plata. La abre delicadamente y saca un prendedor que a la luz de los candelabros-destellan sus piedras- turquesa y lápiz lazudi
.¡Son bellas, parecen diamantes!- exclama Nury.
-Que linda pieza- señor Toufik-dice- la doña Marquesa María de Salamanca
.-Mi estimada señora- Es mi humilde presente, por su día-
La marquesa, abre los brazos y exclama:-Usted es un digno embajador del Medio Oriente....
-¡Líbano!- responde el paisano Toufik
-Es un país, muy lindo-muchos lo dicen- también yo-Se da un vino que no tiene comparación en los valles de Bechare-¿cierto?
-Si-
- ¿Usted conoce el Líbano?
-¡Así es!-
-Mientras caminan a través del salón principal, ella cuenta:
-¡Verá usted!-Mi difunto esposo, ¡Que en paz descanse!- Fue cónsul en varios países del Medio Oriente- Estuvimos en Beirut y otras ciudades del Líbano y salimos de su país, a causa de las invasiones del imperio otomano. ¡Pero no hablemos del pasado!. Lo más importante, es que la pase bien. Gracias por su presente y visita.
Volviéndose en dirección a su hija Nury, le indica:-Hijita- Atiende muy bien a nuestro invitado-
Saludando al paisano. Y guiñándole, se despide, diciéndole:
-La noche pertenece a ustedes los jóvenes- Sabed aprovecharla- ¡No seáis que mañana os arrepintáis!
Ella sube por la escalera que da a la parte superior de la mansión y se pierde entre el cortinaje.
Nury y don Toufik bailan animosamente.
Mientras el cochero, bien instalado en la cocina, no para de comer y beber ese rico vino blanco que lo tiene ya mareado. Las jóvenes cocineras y mozos sonríen a cada brindis que el buen hombre, repite:-¡En Huasco Bajo y Las Tablas! La paso muy bien- ¡Y que no acabe la noche!- Canturrea, mientras seca con el dorso de su mano, el vino que chorrea por su boca. Con la otra mano sostiene un trozo de asado.
La mágica noche se ha detenido. Tomados del brazo la hija de la marquesa y don Toufik, caminan por los jardines. Ella coloca su cabeza en su hombro. El sonríe. Las rosas, orquídeas, azahares y claveles, impregnan su fragancia a la vestimenta. Los ojos verdes de Nury, son gemas que hipnotizan. Su boca dibuja delicada sonrisa. Sus labios al besar, saben al rocío que besa las flores.
Un mozo se acerca trayendo sobre la bandeja sendas copas de plata.Nury, alza la copa y brinda diciendo:
-¡Por usted- don Toufik! Por su presencia en esta noche inolvidable-
-Igualmente- Doña Nury- Sea una eterna juventud para usted. Y su belleza alumbre mañana y el resto de los días la inmensidad de la hacienda Salamanca.
Ambos beben sin dejar una gota en las copas. El mozo sonríe. La pareja se mira a los ojos. Y discretamente sus jóvenes labios, sellan secretos y ansias ocultas. Ella lo toma de la mano y lo lleva por los salones, hasta llegar a los aposentos. Entre las sombras cómplices recorren un cielo de rosas y gemidos que se transforman en la brisa que mecen los blancos cortinajes.
El sol estaba sobre sus cabezas. Don Toufik cubierto por una capa color turquesa, abre sus ojos, sintiendo un dolor de cabeza a causa del licor. Yace recostado entre los sillones del carruaje.
El cochero, dormido, agarrando las riendas en ambas manos, ronca, haciendo relinchar a los caballos.
-¡Despierte, cochero!- le grita, remeciéndole.
Este se despabila, asustado regaña-Se espantan los caballos.- Perdone patrón- ¡Pero parece que hemos tenido una pesadilla!-exclama.
Don Toufik, observa pensativo e incrédulo, la mansión abandonada, que se levanta frente de el. Esta muestra el paso de muchos años, sobre el techo palomas y golondrinas posan. Entre la arboleda de pinos y eucaliptos, se divisa la entrada de una cueva. Ambos viajeros, caminan hasta ella. Ingresan y ante la oscuridad retroceden, pues ven salir alborotados una bandada de murciélagos, que vuelan hasta refugiarse entre los agujeros de los requeríos cercanos.
Pasa un grupo de arrieros, silbando y animando a una tropa cargada de sacos con minerales, apuran el paso. Al verlos, el más anciano, grita:
-¡Cuidado mi merced!- Que aquí por las noches aparece la mansión de las “brujas de Huasco Bajo”. Carcajadas, de los arrieros jóvenes. Arrastran a las mulas, hasta perderse entre los altos arbustos.
Don Toufik y el cochero, observan en rededor un paisaje cómplice, llenos de secretos, ambos se encogen de hombros. Suben al carruaje. El cochero golpea el aire con el látigo, los caballos relinchan y comienzan a trotar. Las ruedas del coche sacan chispas de las piedras que cubren el sendero.
El paisano libanés, huele la capa, esta prenda es la que cubría los hombros de Nury, ¡es su perfume!-se dice. Sonríe, cierra los ojos y trata de dormitar.
Por una de las ventanas de la mansión, aparece el rostro de la joven Nury, rueda una lágrima por su mejilla y embelesada se queda mirando como el coche se pierde entre los arboles y el tortuoso camino que lleva al puerto de Huasco.
Cuentan que al filo de la medianoche, una bandada de pájaros mal agüero vuelan desde Huasco Bajo hasta Huasco Alto, estos tienen cabeza humana. La gente al escuchar sus graznidos, se persignan y encienden velas a los santos.
En el año de 1954, recorriendo Tarek con la pandilla el valle, desde Freirina en dirección al oeste, siguieron un camino abandonado. Este solía llevar hasta la desembocadura del río Huasco. Frente a la localidad de Huasco Bajo, entre el escaso bosque de eucalipto, pegado a la loma, se encontraron con una cueva que tenia una puerta de madera, estaba muy roída por los años, con cerradura de fierro y un gran candado. En la parte superior una rejilla de barrotes.
Un huaso que pasaba, les gritó:-¡Cuidado niños- es la Cueva de Salamanca!-
Tarek, recordó las historias de brujas y aparecidos que solía contar por las noches, al borde de un brasero en la casa del Rengo Ávila, su anciana abuela. Relataba, mientras sorbía un mate. Y decía: Fue un joven turco uno de los visitantes más seguido a Salamanca. Dicen, que fue embrujado por la Doña y la hija. Ella, la marquesa María de Salamanca, le enseño la “martingala”, que es la formula para ganar en los juegos de los casinos.
Amir Ibn Tawfik Seeman
© Copyright, mayo 2010
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